Erase un caracol al que un buen día se le ocurrió que tenia que subir una escalera. La escalera era alta y el caracol mas lento de lo habitual. No extraño, pues, que empleara nada menos que casi siete años en completar su laboriosa ascension.
Estaba contento porque ya llegaba al final. Pero, cuando subía el ultimo escalón, le cogieron las prisas. Subió apresuradamente y, de pronto, se cayo y no paro de rodar hasta el suelo. Una vez abajo, amagullado y dolorido, se dijo: ¡Caramba, lo que son las prisas!
Y desde entonces, cuando alguien tarda mucho en hacer una labor que sale mal, la gente suele decir: te ha pasado lo que la caracol. Después de siete años, las prisas.
Estaba contento porque ya llegaba al final. Pero, cuando subía el ultimo escalón, le cogieron las prisas. Subió apresuradamente y, de pronto, se cayo y no paro de rodar hasta el suelo. Una vez abajo, amagullado y dolorido, se dijo: ¡Caramba, lo que son las prisas!
Y desde entonces, cuando alguien tarda mucho en hacer una labor que sale mal, la gente suele decir: te ha pasado lo que la caracol. Después de siete años, las prisas.




